Tengo frío en los pies pero calor en las orejas

¿Qué mejor post que este para innaugurar oficialmente el blog 2.0?

Pues sí, tengo frío en los pies, pero calor en las orejas. A simple vista parece algo fácil de solucionar: “tápate los pies y destápate las orejas”, me diréis. Pero la cosa no es tan sencilla. Al igual que sucede con los grandes problemas de la humanidad, lo que parece un problema sencillo de resolver se convierte en un complejo nudo de detalles y efectos secundarios. Después de taparme los pies y destaparme las orejas, el problema sigue sin solucionarse, lo que no invita al optimismo.

Seguiremos informando.

La fotografía democrática

Si amigos: la fotografía ya es de todos. El noble arte de utilizar la luz para crear imágenes ya no es un arte elitista, en el que sólo unos pocos privilegiados tenían acceso al material para poder llevarlo a cabo. Eso era antes de la llegada de la foto digital. Prehistoria, vamos. Ahora la fotografía ha pasado a ser algo posible y alcanzable para el pueblo llano, el gran público, el ciudadano de a pie, o como quieras llamarlo.

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Weekend résumé

Este fin de semana hemos tenido visita. Nuestra amiga Paloma ha venido desde Lyon a vernos, y se ha traido dos agradables sorpresas: su amiga Laura y “el checo”. Os lo cuento por partes (intentaré resumir, a ver si así consigo más audiencia o al menos una audiencia fiel):

Viernes

Al salir del curro nos fuimos a buscar a Paloma y Laura a la estación. Paloma y Laura curran como fisioterapeutas (kines, en francés) en Lyon. En realidad nos hemos dado cuenta de que el 90% de españoles en francia es fisioterapeuta o enfermero, que parece ser lo más demandado aqui.

Bueno pues una vez recogidas, nos dieron sus mochilas y se fueron al teatro a ver Le Roi Lion (el Rey León), junto a Paula, otra española que vive en París. Mientras, nosotros ibamos a comprar la cena al Carrefour (cómo no). Tres horas depués, las recibimos de nuevo en el barrio (vinieron en shock debido a “los mazizorros de la obra” y “las abdominales de Simba”), para acompañarles a casa, donde cenamos los cinco unas buenas pizzas y Feuilletés rellenas de queso de cabra, todo regado con 2 o 3 litros de sangria. A las 3 de la madrugada dimos por terminada la cena, y nos fuimos a acompañar a Paula a su casa, no muy lejos de la mía. A la vuelta, trajimos a Paloma (que iba bajo los efectos de la sangria Extreme Ultra que les había preparado) montada en un carro de la compra, lo cual me trajo buenos recuerdos de Madrid, llevando borrachos varios en carritos como si fueran la compra de la semana. Al llegar a casa, improvisamos una cama doble utilizando un colchón de 80 más algunos cojines y almohadas, y nos fuimos a dormir.

Sábado

Nos levantamos “pronto”, dada la hora a la que nos habíamos acostado, y nos fuimos a Carrefour (otra vez) a comprar queso, vino, baguettes y cosas para hacer un buen picnic french style. Acto seguido, nos fuimos directamente a Trocadero, situado justo enfrente de la Torre Eiffel, donde hay una pequeña zona verde ideal para hacer picnics (sobre todo cuando llueve, como era el caso, para utilizar los árboles a modo de paragüas). Allí nos encontramos con Michal (se pronuncia Mijhal), alias el checo. Creo que es el primer checo que conozco, y la verdad es que es un tio muy majo, con el que nos reimos un montón. Además, era su cumpleaños y le llevamos una pequeña tarta sorpresa, sobre la cual le hicimos soplar las velas mientras le cantábamos el cumpleaños feliz (versión española, claro) entre nosotros y un grupo de 10 o 12 turistas españoles que pasaban por allí.

Después del picnic, cruzamos el puente de Iena en dirección a la Torre Eiffel, para ver cómo Thaïg Kris batía el record del mundo de salto al vacío en patines, tirándose desde el primer piso de la Torre Eiffel (aquí el vídeo, que no tiene desperdicio). La verdad es que estuvo bien el evento, aún incluso después del agobio de gente que había, y la casi hora de espera de pie.

Después de eso, pasamos por casa para dejar las cosas y nos fuimos a Porte de Saint Ouen, practicamente situado en la banlieue norte de París (el barrio acojonaba bastante, sobre todo porque llegamos prácticamente de noche, pero bueno ya hablaré en otro post de las banlieues), a celebrar una crémaillère (especie de fiesta de inauguración que se hace aqui cuando alguien se muda de piso). Después de 8 cervezas de medio litro, 5 mojitos y un extraño brebaje verde que nos dió una chica, yo ya estaba más pallá que pacá, tanto que me tiré 15 minutos dentro del baño buscando el water, hasta que me di cuenta de que el water estaba en una sala aparte. Sobre las 2 de la madrugada nos piramos, justo antes de que acabase el metro (tener que coger un autobús nocturno en Saint Ouen es como ir por Las Barranquillas con una bolsa de heroína colgada del cuello). Supuestamente, llegamos a casa sanos y salvos y más o menos rápido (y digo supuestamente, porque no me acuerdo del trayecto, debido a las típicas lagunas mentales provocadas por los efluvios alcohólicos).

Domingo

Nos levantamos tarde, y como único plan teníamos no hacer nada de nada, y pasar el día descansando. Pero el checo, que se había quedado a dormir (y sólo a dormir) en casa de la chica española en Saint Ouen, no estaba por la labor de ponérnoslo fácil. Después de comer se presentó en casa un poco espontáneamente (es de estas personas que no hace falta que las invites para que se sientan completamente invitadas) y con ganas de hacer turismo. Conseguimos convencerle de que el parque de al lado de casa era muy bonito (que lo es) y que merecía mucho la pena verlo. En realidad era un poco la excusa para no ir demasiado lejos a hacer turismo, porque estábamos reventados, no había muchas ganas y el tiempo no acompañaba. Después de un paseo por el parque, acompañamos a Paloma y a Michal (recordad: Mihjal) a la Gare de Lyon, donde debían coger el tren de regreso. Después, Cris y yo volvimos a casa, donde caímos fulminados después de un fin de semana tan ajetreado, bajo cuyos efectos creo que aún sigo.

Cycles Gitane.
La traducción más aproximada en español para el nombre de esta tienda todos sabemos cual sería. Es curioso como cambia la concepción que tenemos de algo dependiendo de lo que nos transmita su nombre. Supongo que para un francés de a pie, de los de baguette y boina, “Cycles Gitane” es un concepto más bien neutro, dada la poca afluencia de gitanos que hay en Francia, o al menos en París. Puede ser que para un francés, un gitano sea ese personaje exótico, hasta romántico, que se hace llamar zíngaro y vive en los montes de rumanía bailando cabras. Lo que en inglés se denomina Gipsy, vamos (aunque ahora la palabra Gipsy se asocia más a Rafa Nadal bailmoteando con Shakira).
Pero claro, cuando un español lee la palabra “Gitane”, no es precisamente un zíngaro nómada que tiene un circo ambulante donde monta espectáculos con cabras domadas. No. Nuestra asociación a la palabra gitano es bastante menos romántica y muchisimo menos exótica. Y si una tienda de bicis se llama “Bicicletas Gitano”, pues apaga y vamonos. Para un francés puede ser una tienda de bicis exoticas provenientes de los Cárpatos, mientras que para un español seguramente sea una tienda regida por algun patriarca que tiene a sus primos robándo las bicis en un barrio cercano. Es triste pero es así. Las palabras no son solo palabras, son recuerdos, experiencias y significados, que de tanto repetirse, individual o colectivamente, se han asentado de tal forma que ya son imposibles de separar, al menos a corto plazo. Lo siento por los gitanos.
Por cierto, el dueño de la tienda, Gerard Regnault, no tiene nada que ver con los gitanos.

Cycles Gitane.

La traducción más aproximada en español para el nombre de esta tienda todos sabemos cual sería. Es curioso como cambia la concepción que tenemos de algo dependiendo de lo que nos transmita su nombre. Supongo que para un francés de a pie, de los de baguette y boina, “Cycles Gitane” es un concepto más bien neutro, dada la poca afluencia de gitanos que hay en Francia, o al menos en París. Puede ser que para un francés, un gitano sea ese personaje exótico, hasta romántico, que se hace llamar zíngaro y vive en los montes de rumanía bailando cabras. Lo que en inglés se denomina Gipsy, vamos (aunque ahora la palabra Gipsy se asocia más a Rafa Nadal bailmoteando con Shakira).

Pero claro, cuando un español lee la palabra “Gitane”, no es precisamente un zíngaro nómada que tiene un circo ambulante donde monta espectáculos con cabras domadas. No. Nuestra asociación a la palabra gitano es bastante menos romántica y muchisimo menos exótica. Y si una tienda de bicis se llama “Bicicletas Gitano”, pues apaga y vamonos. Para un francés puede ser una tienda de bicis exoticas provenientes de los Cárpatos, mientras que para un español seguramente sea una tienda regida por algun patriarca que tiene a sus primos robándo las bicis en un barrio cercano. Es triste pero es así. Las palabras no son solo palabras, son recuerdos, experiencias y significados, que de tanto repetirse, individual o colectivamente, se han asentado de tal forma que ya son imposibles de separar, al menos a corto plazo. Lo siento por los gitanos.

Por cierto, el dueño de la tienda, Gerard Regnault, no tiene nada que ver con los gitanos.

París y el calor

Hace mucho que no escribo en el blog sobre mi estancia en París, cosa por otro lado un tanto contradictoria, ya que en un principio el blog fué creado para eso. Pero últimamente mi falta de tiempo sumado a mi pereza han hecho que el blog sea más gráfico que escrito, y más recopilatorio que personal.

Pero hoy me apetece escribir, y me apetece escribir sobre una cosa que me ha llamado la atención aquí en París: la gestión del calor.

Resulta que este fin de semana hemos alcanzado la nada despreciable temperatura de 29 grados. Tratándose de mediados de mayo y tratándose de París, es una temperatura bastante alta. Yo, inocente de mí, al ver en los telediarios que íbamos a alcanzar esas cotas calóricas pensé que la ciudad se iba a movilizar tratando de luchar contra los elementos. Sí, es una idea mitad romántica y mitad ingénua, pero tiene su base: en los ultimos años, cada vez que nevaba en Madrid se ha montado la de San Quintín, con quitanieves en carreteras sin nieve, sal por todas partes, hasta donde no hacía falta, las líneas bloqueadas por las miles de personas que llamaban a sus respectivos trabajos diciendo que estaban atrapados en el temporal, etc…

Sin embargo, en la ciudad de la luz parece ser que no estaban por la labor de luchar contra nada, más bien al contrario, la gente parecía no darse cuenta de que hacía buen tiempo y seguían con sus abrigos y sus gorros. Quiero pensar que esto es debido a que es dificil asumir que, después de toda una vida viviendo bajo la lluvia, el frío y la nieve, en tu París hacen 29 grados centígrados, y por tanto es dificil cambiar de “repronto” tu abrigo impermeable por el bañador y las chanclas. A mi, churruscado en un metro sin aire acondicionado y con las ventanas cerradas, me daba dentera ver a la gente sentada cómodamente con sus abrigos y gorros, y ni una gota de sudor. ¿Qué extraño gen provoca tal grado de aislamiento a la temperatura externa en los parisinos? ¿Podemos importar ese gen a España, para poder dejar de torrarnos cada verano y poder salir a la calle antes de las 8 de la tarde?

Otra cosa que me ha extrañado es que aquí pasan de todo sistema que sirva para refrigerar, desde un simple ventilador hasta el aire acondicionado más sofisticado. Joder, si es que ni siquiera utilizan ese arte tan nuestro, de abanicarse con el primer folleto de pizzería que tengas a mano. Si entras a cualquier local público, notarás que no existe el aire acondicionado y, en caso de tener ventiladores, los tienen apagados. ¿Qué pasa que aquí solo se lucha contra el calor en agosto?¿tienen los parisinos la piel más gorda que nosotros?

Escribo esto desde el trabajo, donde por supuesto nos estamos asando también, y donde por supuesto todos los sistemas de refrigeración estan “éteint” (apagados). Vive la france! et vive su piel gorda!

(via melchiorgabor)
El final de LOST

(via melchiorgabor)

El final de LOST

Va a ir tu padre.

Va a ir tu padre.

Apple.

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Google Maps Envelope.

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The Distant Hours
By DAN ROLFE JOHNSON