Este fin de semana hemos tenido visita. Nuestra amiga Paloma ha venido desde Lyon a vernos, y se ha traido dos agradables sorpresas: su amiga Laura y “el checo”. Os lo cuento por partes (intentaré resumir, a ver si así consigo más audiencia o al menos una audiencia fiel):
Viernes
Al salir del curro nos fuimos a buscar a Paloma y Laura a la estación. Paloma y Laura curran como fisioterapeutas (kines, en francés) en Lyon. En realidad nos hemos dado cuenta de que el 90% de españoles en francia es fisioterapeuta o enfermero, que parece ser lo más demandado aqui.
Bueno pues una vez recogidas, nos dieron sus mochilas y se fueron al teatro a ver Le Roi Lion (el Rey León), junto a Paula, otra española que vive en París. Mientras, nosotros ibamos a comprar la cena al Carrefour (cómo no). Tres horas depués, las recibimos de nuevo en el barrio (vinieron en shock debido a “los mazizorros de la obra” y “las abdominales de Simba”), para acompañarles a casa, donde cenamos los cinco unas buenas pizzas y Feuilletés rellenas de queso de cabra, todo regado con 2 o 3 litros de sangria. A las 3 de la madrugada dimos por terminada la cena, y nos fuimos a acompañar a Paula a su casa, no muy lejos de la mía. A la vuelta, trajimos a Paloma (que iba bajo los efectos de la sangria Extreme Ultra que les había preparado) montada en un carro de la compra, lo cual me trajo buenos recuerdos de Madrid, llevando borrachos varios en carritos como si fueran la compra de la semana. Al llegar a casa, improvisamos una cama doble utilizando un colchón de 80 más algunos cojines y almohadas, y nos fuimos a dormir.
Sábado
Nos levantamos “pronto”, dada la hora a la que nos habíamos acostado, y nos fuimos a Carrefour (otra vez) a comprar queso, vino, baguettes y cosas para hacer un buen picnic french style. Acto seguido, nos fuimos directamente a Trocadero, situado justo enfrente de la Torre Eiffel, donde hay una pequeña zona verde ideal para hacer picnics (sobre todo cuando llueve, como era el caso, para utilizar los árboles a modo de paragüas). Allí nos encontramos con Michal (se pronuncia Mijhal), alias el checo. Creo que es el primer checo que conozco, y la verdad es que es un tio muy majo, con el que nos reimos un montón. Además, era su cumpleaños y le llevamos una pequeña tarta sorpresa, sobre la cual le hicimos soplar las velas mientras le cantábamos el cumpleaños feliz (versión española, claro) entre nosotros y un grupo de 10 o 12 turistas españoles que pasaban por allí.

Después del picnic, cruzamos el puente de Iena en dirección a la Torre Eiffel, para ver cómo Thaïg Kris batía el record del mundo de salto al vacío en patines, tirándose desde el primer piso de la Torre Eiffel (aquí el vídeo, que no tiene desperdicio). La verdad es que estuvo bien el evento, aún incluso después del agobio de gente que había, y la casi hora de espera de pie.

Después de eso, pasamos por casa para dejar las cosas y nos fuimos a Porte de Saint Ouen, practicamente situado en la banlieue norte de París (el barrio acojonaba bastante, sobre todo porque llegamos prácticamente de noche, pero bueno ya hablaré en otro post de las banlieues), a celebrar una crémaillère (especie de fiesta de inauguración que se hace aqui cuando alguien se muda de piso). Después de 8 cervezas de medio litro, 5 mojitos y un extraño brebaje verde que nos dió una chica, yo ya estaba más pallá que pacá, tanto que me tiré 15 minutos dentro del baño buscando el water, hasta que me di cuenta de que el water estaba en una sala aparte. Sobre las 2 de la madrugada nos piramos, justo antes de que acabase el metro (tener que coger un autobús nocturno en Saint Ouen es como ir por Las Barranquillas con una bolsa de heroína colgada del cuello). Supuestamente, llegamos a casa sanos y salvos y más o menos rápido (y digo supuestamente, porque no me acuerdo del trayecto, debido a las típicas lagunas mentales provocadas por los efluvios alcohólicos).

Domingo
Nos levantamos tarde, y como único plan teníamos no hacer nada de nada, y pasar el día descansando. Pero el checo, que se había quedado a dormir (y sólo a dormir) en casa de la chica española en Saint Ouen, no estaba por la labor de ponérnoslo fácil. Después de comer se presentó en casa un poco espontáneamente (es de estas personas que no hace falta que las invites para que se sientan completamente invitadas) y con ganas de hacer turismo. Conseguimos convencerle de que el parque de al lado de casa era muy bonito (que lo es) y que merecía mucho la pena verlo. En realidad era un poco la excusa para no ir demasiado lejos a hacer turismo, porque estábamos reventados, no había muchas ganas y el tiempo no acompañaba. Después de un paseo por el parque, acompañamos a Paloma y a Michal (recordad: Mihjal) a la Gare de Lyon, donde debían coger el tren de regreso. Después, Cris y yo volvimos a casa, donde caímos fulminados después de un fin de semana tan ajetreado, bajo cuyos efectos creo que aún sigo.